domingo, 28 de septiembre de 2008

Epitafio de Amor a ti


Cual polilla que sabionda va a quemarse a la luz
Yo intuía la respuesta a mi naufragio en tu amor,
Mas el veneno de tu mirada me drogaba con ardor
y en mi corazón hiciste heridas, como las del Cristo en la cruz.

Amarte a ti quemó mi alma como el carbón quema el brasa
Destruyó, y cual volcán mi dignidad a calcinar,
Sabias fueron las palabras que decían que corriera
A una fuente de agua fría a mis cicatrices sanar.

Sin embargo asas malditas, se hicieron sordomudas
No apagaron cual consejo, la fragua de dolor
Pues buscaban en tu aliento una mísera caricia,
Para amanecer con esperanza en nuestro lecho de amor.

Y al notar que te sabías el autor de mi suplicio
Quise borrar esas palabras que con lágrimas grabaste
Y me arranqué del corazón las espinas que clavaste
y esa sangre borró lo que un día me entregaste.

Quise enterrarte, sepultarte y cual cadáver olvidarte
En el epitafio del corazón escribí “descansa en paz”
Y mis ojos se cerraron para poder ya no mirarte
Y no retener lo que decidí con mis pies dejar atrás.

Mas el fantasma de tu amor violaba el sentimiento
Más quería yo odiarte cuando más odiaba amarte
Pero el genio inconsciente solo se pudo resignar
Al aceptarte imposible de con el tiempo borrar

ayer no es hoy


Cariño ayer te llamé ,
Si exististe, hoy día nosé.
sin sabores en mis labios
de unos besos timoratos
Alegría ayer yo sentí
Hoy despiertas mi agonía,
Supiste tenerme en tus brazos
Me adoraste, me soltaste.

Tu nombre ayer repetí
Hoy me resuena el olvido
Te tuve tan cerca mío.
Ni tu recuerdo está perdido.
Tu sombra ayer soñé
una falaz cercanía sentí
nadie sabe cuanto aborresco
el segundo en que desperté.

Un te amo ayer regalé
Hoy lo dije sin frenesí
serán cierto los pregones
que proclaman hoy tu ausencia.

Amor a Muerte



En mi habitación yo me encontraba


con las manos rojas, ensangretadas;


la furia me había envuelto,


y ella perdía el aliento.




En el pecho, el corazón abierto


brotaba tinta roja de su boca,


el frío de la noche gris no se equivoca


al mostrarme las llamas vivas del infierno.




El celo me impregnó su maleficio,


arma blanca utilicé en mi venganza,


al ver que ese beso intenso no fue mío


ingenié mi gran plan de matanza.




Duerme en el mar rojo carissima


eres mas hermosa cuando postras,


tu mirada fúnebre, lúgubre y horrorizada


y extinguéndote revives de mi serlas costras.