En mi habitación yo me encontraba
con las manos rojas, ensangretadas;
la furia me había envuelto,
y ella perdía el aliento.
En el pecho, el corazón abierto
brotaba tinta roja de su boca,
el frío de la noche gris no se equivoca
al mostrarme las llamas vivas del infierno.
El celo me impregnó su maleficio,
arma blanca utilicé en mi venganza,
al ver que ese beso intenso no fue mío
ingenié mi gran plan de matanza.
Duerme en el mar rojo carissima
eres mas hermosa cuando postras,
tu mirada fúnebre, lúgubre y horrorizada
y extinguéndote revives de mi serlas costras.


No hay comentarios:
Publicar un comentario